Juan era un tipo de lo más normal, ni guapo ni feo, ni alto ni bajo, no destacaba en nada pero tampoco era torpe cuando se proponía algo. Todo lo que hacía, lo hacía siempre por dos razones; la primera, porque le gustaba hacerlo... la segunda, porque sus padres siempre le dijeron desde pequeño que debía emplear su tiempo el algo... tal vez el orden sea al contrario pero, ¿que mas da? Juan encontraba un significado a todo lo que hacia, vislumbraba una razón por la que hacerlo o sacaba algo positivo al termino de dicho asunto, si al empezarlo no le veía utilidad alguna. El bueno de Juan siempre estaba atento a todo, lo que se suele decir que "no se le escapan ni las que van volando", y además de estar, ERA atento con tod@s... siempre que se le necesitaba, ahí estaba Juan, como un clavo, en el lugar correcto, puntual...
Pero llegó el trágico día en que esto ultimo falló en la vida de Juan; llegó tarde a una de sus citas, en unas de sus ocupaciones, y se le vino el mundo encima...

Y fue entonces cuando se dio cuenta de la vida tan sistemática que antes llevaba... que estaba bien tener ocupaciones, pero no estaba dispuesto a pagar a base de talonarios firmados con prisas... se dio cuenta de que necesitaba un cambio, de actitud, de aires, de sitio, de amigos tal vez, o dejemoslo en compañías, que lo engloba todo... igual llegó el momento de perder la cabeza para encontrarse con el corazón... aquel día trágico iba perdiendo ese matiz grisáceo para adquirir tonalidades verdosas, que reflejasen la esperanza, de poder cambiar, actuar, sentir diferente...
Yo, al igual que Juan, me doy cuenta de que necesito un cambio, pero no se por donde empezar, pero poco a poco, debo hacerlo... sino me volveré loco... si, más de lo que ya estoy...