
Tu desconfiar, mis ganas de intentarlo.
Tus lágrimas, mi criptonita.
Tu ganas de seguir, mi desvarío.
Tu abrazo, mi aliento.
Tus juegos, mi delirio febril.
Tu calidez, mis deseos masculinos.
Tu dejar atrás, mi autopista de peaje.
Tus medias tintas, mi hablar por hablar.
Tu insatisfacción, mi decepción.
Tus idas y venidas, mis quedadas con otros.
Tus ataques gratuitos, mi fortaleza en aumento.
Tus armas de mujer, mi debilidad.
Tu mirar de reojo, mi vello de punta.
Tu cuento de hadas, mi principe muerto.
Tus intentos por quedar, mis meteduras de pata.
Tus constantes batacazos, mis resoplidos profundos.
Tu pasado, mi dejar pasar el tiempo.
Tus fauces, mi ansiedad de no se qué.
Tu tranquilidad, mi término, nuestro destino...
Mis padres llegan a los 25 años casados, y a mi eso me parece un mundo. Esto no son más que pensamientos y sensaciones que deben haber pasado por sus cabezas durante todos estos años, y por todos los poros de alguien que tenga capacidad para sentir, ya sea bueno o malo. Se me cuidan los dos, 1 beso.