Saben del agua fresca cada mañana, del conducir durante horas, del tacto de otra piel, de conversaciones interminables y de saludos cortos, de lagrimas que no se sostienen en un ojo. Saben del conocer, de felicidad gratuita, de situaciones buenas y de las que no lo son tanto. De secretos inconfesables, de palabras que duelen, de sentimientos almacenados durante dos meses bajo la corteza del corazon. Saben de pedir un numero de telefono, del apretar fuerte los dientes cuando caes desde cien metros, de dormir acompañado, de locuras razonables, de vacaciones morales...
Saben de verte sonreir, del olor a vino, de reencuentros con personas que vivian en un numero de movil, de trasnochar sabiendo que hay que madrugar, de leer hasta caer agotado y de no soñar...
Seguramente mis manos saben infinitamente más que todo lo dicho anteriormente, al igual que saben que todo esto es gracias a ti por leerme, pero en especial a dos personas...